Grupo de investigación UCM sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid (España).
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Procesos de recuperación en recuerdo y reconocimiento

Es importante distinguir cómo se recupera la información de la memoria porque: a) tanto las tareas de recuerdo como las de reconocimiento pueden realizarse de forma controlada (lo que requiere un esfuerzo consciente de recuperación) y de forma automática; b) a los procesos automáticos no les afecta la disponibilidad de recursos cognitivos y por lo tanto las situaciones de doble tarea, lo cansado que esté el testigo o lo nervioso que se ponga al prestar declaración; y c) dan lugar a experiencias de recuperación diferentes, ya que en la recuperación automática el testigo no tiene conciencia de estar recordando, pero la información previamente almacenada afecta a su comportamiento, mientras que en la recuperación controlada el testigo es consciente de la recuperación y solo sobre ésta puede emitir juicios y ser verbalizada.
Por ejemplo, cuando le pedimos a un testigo que señale al posible autor de un delito en una rueda de reconocimiento puede hacerlo mediante un proceso de razonamiento que implica recuperar la imagen del autor de delito y compararla con cada uno de los componentes de la rueda, o basarse en la sensación de familiaridad que le genera alguna de esas personas sin la experiencia de memoria que le permite ser consciente de porqué resulta familiar.
De igual modo ocurre con los recuerdos. La recuperación sobre qué ocurrió puede realizarse mediante un proceso de reconstrucción e inferencia más cercano a la solución de problemas o de forma automática, como ocurre cuando de pronto se hacen accesibles recuerdos simplemente por el hecho de estar asociados, por ejemplo, a un determinado olor muy familiar.
Cada proceso tiene unas características específicas, se ve influenciado por distintos factores, está soportado por diferentes sistemas de memoria y da lugar a experiencias de memoria diferentes que provocan declaraciones e identificaciones distintas.
Además, todos estos elementos explican, entre otras cosas, porqué no son válidos algunos de los sistemas de detección de la mentira basados en la medición del gasto de recursos cognitivos, bajo el supuesto de que la producción de una mentira requerirá más recursos que la descripción de un suceso real (ver capítulo 14). En algunos casos, recuperar un detalle real puede requerir más recursos cognitivos que la generación de una mentira. Explica, también, porqué los testigos algunas veces no son capaces de describir qué hicieron en una determinada situación, siendo supuestos expertos, y se comportan como novatos. O porqué no siempre son fáciles las valoraciones que el testigo hace sobre sus propios recuerdos y reconocimientos.
A continuación describiremos las principales propuestas sobre sistemas de memoria, para después centrarnos en los diferentes procesos implicados en la recuperación automática. Sobre las experiencias de memoria nos centraremos en el capítulo siguiente.

Sistemas de memoria
Podemos distinguir entre varias categorías de memoria en el eje automático-controlado cada una de las cuales ha dado lugar a dimensiones diferentes, aunque relacionadas.

Memoria declarativa y memoria procedimental
Para un testigo podría ser relativamente fácil describir unos determinados hechos, pero mucho más difícil informar pormenorizadamente acerca de cómo llevó a cabo una acción. Por ejemplo, intente describir de forma detallada cómo conduce. De este modo, a un piloto de avión le sería muy difícil describir detalladamente todos y cada uno de sus comportamientos implicados en la gestión de la nave. Igualmente, le será difícil a un técnico experto detallar cómo hace para ensamblar un motor o para programar una máquina de diagnóstico médico. En la medida en que se tratan todas ellas de acciones que forman parte de un procedimiento repetido hasta la saciedad durante un amplio periodo de tiempo, se habrán automatizado y la realización de gran parte de esas acciones deja de ser consciente, lo que no implica una peor ejecución sino más bien lo contrario. A un conductor experto le puede ocurrir recorrer un trayecto, y cuando llega a su destino no ser del todo consciente de cómo lo ha hecho, aun cuando esa conducción “automática” no implique cometer errores, seguramente menos que los que cometerá un conductor novel. Por otro lado, si a ese conductor experto o a ese técnico les obligamos a realizar la tarea de forma completamente consciente, por ejemplo pidiéndoles que vayan describiendo qué hacen, nos encontraremos con que su rendimiento disminuirá significativamente.
Estos hechos se explican por la implicación de diferentes tipos de memoria.
Squire (Squire, 1986; Squire y Cohen, 1984; Squire, Knowlton y Musen, 1993; Haist, Shimamura y Squire, 1992) distingue entre dos sistemas diferentes de memoria, basados en el conocimiento declarativo y en el conocimiento procedimental (ACT; Anderson, 1976). O más recientemente, entre memoria declarativa y memoria no-declarativa (Squire, 1994).
El conocimiento declarativo es definido por Anderson como el conocimiento de los hechos sobre el mundo, “el saber qué” ; mientras que el conocimiento procedimental es aquel que se refiere a cómo se hacen las cosas, “el saber cómo”. Según Ryle (1949) ambos tipos de conocimiento se diferencian, en cuanto a su adquisición, en que el declarativo se adquiere como un todo-o-nada y puede obtenerse repentinamente a través de la palabra; el conocimiento procedimental, sin embargo, se adquiere de forma gradual a través de estrategias. Anderson (1976) añade a la distinción que el conocimiento declarativo puede comunicarse verbalmente, cosa que es extremadamente difícil en el caso del procedimental. Tanto la memoria episódica como la memoria semántica son memorias declarativas.
Squire y Cohen (1984) recogen la distinción de Anderson y la plantean en términos de sistemas de memoria; la memoria declarativa y la memoria procedimental son propuestas como dos sistemas diferentes. Squire (1990) les atribuye las siguientes características: a) la memoria declarativa está modelada por el mundo exterior, es explícita, es una memoria para hechos, es flexible y está basada en el aprendizaje con una única presentación; y b) la memoria procedimental es una colección heterogénea de capacidades o habilidades motoras, perceptivas y cognitivas, está basada en los cambios en comportamientos específicos, es responsable de la capacidad para responder a estímulos en situaciones de condicionamiento clásico, recoge los cambios temporales en el proceso de facilitación, es la responsable de los cambios de comportamiento a través de la experiencia, y es implícita.
Posteriormente, Squire (1994) abandona el término memoria procedimental en favor de memoria no-declarativa para referirse a las habilidades de memoria no conscientes, en contraste con la recuperación consciente de hechos y sucesos que define como memoria declarativa, y afirma la similitud de significado entre los términos memoria no-declarativa y memoria implícita.
 
Memoria explícita y memoria implícita
La memoria explícita fue definida por Schacter (1987) como la recuperación intencional o consciente de un episodio previamente aprendido, mientras que por memoria implícita hace referencia a aquellos cambios en la ejecución de una tarea o conductas producidas por experiencias previas en pruebas que no requieren la recuperación consciente de dichas experiencias. Las tareas de recuperación explícita necesitan el procesamiento consciente de la información (Merikle y Reingold, 1991; Parkin, Reid y Russo, 1990), así como la recuperación consciente del material presentado previamente (Bowers y Schacter, 1990).
Frecuentemente los términos explícito e implícito se asocian más con tareas que con sistemas de memoria, siendo el propio Schacter (1987; Schacter y Tulving, 1994) quien reconoce que no puede hablarse de sistemas de memoria implícitos y explícitos aunque es frecuente encontrar en la literatura esta mención a los sistemas. Los términos explícito e implícito son conceptos descriptivos que se refieren a las diferentes formas en que una memoria puede expresarse (Schacter y Tulving, 1994).
Diferentes propuestas tratan de explicar la ejecución de las tareas implícitas: el sistema PRS de representación perceptiva y el sistema QM o de cuasimemoria sin huella.
Schacter (1992, 1994) propone un sistema de representación perceptiva (PRS) responsable de los efectos de facilitación en el acceso a la información almacenada en la memoria, que se darían en la recuperación implícita. El sistema PRS actuaría independientemente del sistema de memoria episódico o declarativo y sería el encargado de procesar y representar la información sobre formas y estructuras dejando de lado significados y otras propiedades asociativas de palabras y objetos.
Por otro lado, Hayman y Tulving (1989 a y b) sugieren que los efectos de facilitación se producirían por la mediación de otro sistema de memoria que denominan cuasimemoria sin huella (QM), de propiedades también muy diferentes a las del sistema de memoria episódico. En este sistema QM cuando se produce una presentación sensorial el aprendizaje ocurre por cambios en los procedimientos que operan con los estímulos, y no por el establecimiento de huellas que representen los estímulos originales necesarios para la recuperación consciente. Los cambios en el sistema QM incrementan la probabilidad o rapidez de respuesta ante un determinado estímulo, pero no suponen el conocimiento de que un estímulo se haya presentado en un momento dado.

Procesos de recuperación

Como señalamos al inicio del capítulo, para resolver tareas de memoria se pueden emplear dos tipos de procesos: a) la activación de una representación mental que facilita la accesibilidad de la información almacenada, y b) la elaboración que establece relaciones entre los diferentes componentes mentales de los contenidos e incrementa su probabilidad de recuperación (Graf y Mandler, 1984). Es decir, la mayor parte de las tareas de memoria podrían ejecutarse mediante procesos automáticos o controlados, asociados a distintos niveles de conciencia, pero de idénticos resultados si medimos su efectividad únicamente en términos de exactitud. Así ocurre tanto con tareas de recuerdo como con tareas de reconocimiento.

Reconocimiento
En el reconocimiento de personas las experiencias de memoria darían lugar a dos formas diferentes de realizar la tarea de identificación: por familiaridad (me suena esa cara) o por identificación (justo esa es la persona que el viernes de la semana anterior, en el garaje, me robó la cartera). La primera implica un camino directo que no precisa de procesamiento consciente, mientras que la identificación es indirecta y requiere de un proceso de elaboración consciente (Mandler, 1980).
En la misma dirección, Jacoby y Dallas (1981) proponen dos tipos de reconocimiento, reconocimiento perceptivo y memoria de reconocimiento. El reconocimiento perceptivo se lleva a cabo mediante juicios de familiaridad, teniendo en cuenta información física; mientras que la memoria de reconocimiento coincide con el reconocimiento por identificación como resultado de procesos de elaboración planteado por Mandler (1980), mediante procesos de toma de decisión que implican la recuperación del contexto en que se codificó la información.
Los procesos que se llevan a cabo cuando el sujeto necesita recuperar el contexto para responder de forma analítica a las tareas (procesos de toma de decisión) son conscientes y controlados. La característica principal de la recuperación controlada es la elaboración (Baddeley, 1982; Jones, 1982; Mandler, 1980). Se trata de una recuperación costosa, analítica, que incluye varios procesos como la generación de candidatos y su reconocimiento (Anderson y Bower, 1972), o la integración contexto-información perceptiva y subsiguiente ecforía (Tulving, 1983). El procesamiento controlado se encuentra guiado por el contexto. Según Anderson y Bower la búsqueda no se realiza al azar sino que el contexto la delimita. Los indicios de recuperación serán claves que permitirán que la recuperación se complete satisfactoriamente. Sin ellos los procesos de búsqueda pueden dar como resultado la recuperación de información errónea debido a la multitud de representaciones que pueden existir en el sistema, tantas como significados tengan los estímulos (Anderson y Bower, 1974; Tulving y Thomson, 1973).
Los procesos basados en la fluidez perceptiva son automáticos y se producen normalmente cuando se realizan reconocimientos por adivinación. La facilitación que se produce en una tarea indirecta de memoria no necesita ir acompañada por ningún tipo de intención de recordar o conciencia de hacerlo, mientras que la ejecución de una tarea directa de memoria requiere que los sujetos recuperen intencionalmente un episodio pasado (Jacoby, 1991, 1994).
Jacoby y Dallas (1981) relacionan su distinción con la propuesta de Tulving (1972) que distingue entre memoria episódica y memoria semántica. El reconocimiento por identificación es una tarea de memoria episódica, ya que depende de que se haya formado una huella episódica; mientras que el reconocimiento perceptivo es una tarea de memoria semántica que depende solamente del nivel de activación de la representación semántica del ítem evaluado. Este hecho explica por qué variables como el nivel de procesamiento afectan al reconocimiento por identificación y no al reconocimiento perceptivo, puesto que el nivel de procesamiento influye en la probabilidad de que se forme una huella episódica. En esta dirección, Jacoby (1982) señala que el escaso rendimiento en tareas de reconocimiento que presentan los sujetos amnésicos se explica porque no son capaces de utilizar espontáneamente procesos de elaboración durante la fase de estudio de la información y tienden a basarse en una identificación perceptiva para resolver las tareas de reconocimiento.
En la recuperación de información semántica el sujeto no es consciente del contexto en que se adquirió ese conocimiento. Sin embargo, una de las características principales de la memoria episódica es precisamente que el sujeto es consciente de estar recordando una experiencia previa (Tulving, 1983). En el primer caso se habla de experiencia de conocimiento y en el segundo caso de experiencia de recuerdo. De esta forma, el reconocimiento perceptivo (tarea de memoria semántica) no requiere que el sujeto sea consciente de que está recuperando para que aparezcan efectos del estudio previo.

Recuerdo
En el recuerdo ocurre algo similar al reconocimiento. El recuerdo incidental autobiográfico es una experiencia relativamente común, que frecuentemente se produce en situaciones en las que algo de pronto evoca el recuerdo de un suceso vivido previamente (Berntsen y Hall, 2004). Sin embargo, en otras ocasiones el recuerdo se hace accesible sólo depués de un costoso proceso de recuperación. Así, podemos diferenciar entre recuerdo intencional y recuerdo incidental.
El acceso directo a la huella de memoria tiene un alto componente de procesamiento automático (Jones, 1982, 1987). Mientras que el acceso indirecto implica la búsqueda y generación de la información, y procesos de toma de decisión acerca del origen de los recuerdos, cercanos a las tareas de resolución de problemas y en los que están implicados procesos controlados. Según Jones, la recuperación que implica procesos automáticos se explicaría mediante el principio de codificación específica (Tulving y Thomson, 1973) mientras que la recuperación indirecta se explicaría mediante los modelos de generación-reconocimiento (Anderson y Bower, 1973). La ruta directa (más automática) tiene en común con el principio de codificación específica que el grado de solapamiento entre la información que proporciona la recuperación y la información de la huella de memoria es lo que permite que el acto de recuperación sea un éxito o un fracaso. Sin embargo, la ruta indirecta, a través de toda la red, implica esfuerzo y gasto de recursos cognitivos y sería similar al proceso de generación de candidatos en los modelos de generación-reconocimiento (Jones, 1987).
En este sentido, Baddeley (1982, 1990) distingue entre dos tipos de recuerdo: recuperación y evocación automática de la información.
La recuperación hace referencia a un proceso activo que incluye la búsqueda mediante indicios de recuperación, la evaluación de los candidatos y la construcción sistemática de la representación de una experiencia pasada que pueda ser aceptable. La elaboración y el nivel de procesamiento afectan de forma importante a este tipo de recuperación.
La evocación automática por la vía directa de la accesibilidad que producen los indicios se explica según Baddeley mediante el principio de codificación específica (Tulving y Thomson, 1973), como también propone Jones (1982).
Pero además, determinados tipos de información podrían ser más propensos a procesarse de forma automática. Mientras que otros requieren de procesos inferenciales para poder ser recuperados.

Procesamiento automático de detalles
A finales de los años setenta, Hasher y Zacks (1979) analizaron algunos aspectos de la información que, para ser codificados, requieren recursos atencionales mínimos, y que denominan automáticos. Estas operaciones automáticas de la memoria funcionan a un nivel constante bajo circunstancias muy diversas que implican grados distintos de recursos disponibles y no se benefician de la práctica. Estos procesos automáticos procesan información de los sucesos como su frecuencia de ocurrencia, su localización espacial y temporal, y el etiquetado. Más adelante, Hasher y Zacks (1984) confirman estos resultados respecto a la frecuencia de ocurrencia de un suceso. No obstante, estos datos han sido refutados en experimentos llevados a cabo por otros investigadores que con medidas diferentes de memoria han mostrando que la frecuencia de ocurrencia es sensible a variables como la intención, las tareas de atención dividida o a las estrategias de codificación que afectan a los niveles de procesamiento (Greene, 1984, 1986; Naveh-Benjamin y Jonides, 1986); de igual forma, se han encontrado evidencias opuestas a la automaticidad del procesamiento de aspectos como la localización espacial (Naveh-Benjamin, 1987, 1988) y la información de orden temporal (Naveh-Benjamin, 1990, Troyer y Craik, 2000). Sin embargo, Ellis (1990) encontró, con una tarea distinta a la utilizada por Naveh-Benjamin, que la codificación espacial cumplía con los criterios de automaticidad.
Una explicación a la contradicción entre los datos obtenidos por unos y otros experimentadores se encuentra en los trabajos de Bargh (1982, 1988; Bargh y Pietromonaco, 1982), que teniendo en cuenta las propuestas de Hasher y Zacks (1979), muestran que algunos aspectos relacionados con información relevante para el sujeto y relativos a la percepción social y a la interpretación de situaciones se procesan de forma automática. Algunos aspectos del suceso pueden ser procesados automáticamente siempre y cuando tengan relevancia para el sujeto respecto a unas metas específicas (Bargh, 1988) o se vean afectados por constructos crónicamente accesibles (Bargh y Pietromonaco, 1982; Diges, 1995) que facilitarán su procesamiento incrementando la automaticidad de codificación para poder dirigir los recursos disponibles a la codificación consciente de otro tipo de información del suceso.
Así pues, podemos afirmar que no todo tipo de detalles se procesan de la misma forma, lo que condiciona su recuperación.
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Manzanero, A.L. (2008): Procesos de recuperación en recuerdo y reconocimiento. En A.L. Manzanero, Psicología del Testimonio (pág. 41-45). Madrid: Ed. Pirámide.