Grupo de investigación UCM sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid.
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Evaluación de la prueba de identificación

*Fragmento extractado del libro Manzanero, A.L. (2010). Memoria de testigos: Obtención y valoración de la prueba testifical. Ed. Pirámide (2010)*

Nuestras creencias nos llevan a interpretar algunos factores como indicadores de exactitud. Sin embargo, la investigación en psicología del testimonio nos ha mostrado cómo estos indicadores pueden llevarnos a un error al valorar la exactitud de las identificaciones.

Confianza y exactitud de las identificaciones


Como vimos, las conductas de los testigos parecen ser esenciales a la hora de valorar su credibilidad y entre éstas la variable más relevante en las evaluaciones de credibilidad de las identificaciones es la confianza que muestra un testigo ante su respuesta en la prueba de reconocimiento, de cuya respuesta es responsable el proceso de sensación de saber. Sin embargo, recordemos que la relación entre exactitud y confianza se ha demostrado nula. En las revisiones realizadas por Wells y Murray (1984) y Bothwell, Deffenbacher y Brigham (1987) se obtuvieron correlaciones medias estimadas entre exactitud y seguridad de 0.07 y 0.25 respectivamente. Esta relación parece variar en función de si los sujetos señalan a alguien en la rueda o si no lo hacen (Brigham, 1988), siendo mayor la correlación confianza-exactitud para los que señalan, así como de otros múltiples factores (Leippe y Eisenstadt,, 2007) y de los procesos responsables de los juicios de confianza.

Sensación de saber

El proceso de sensación de saber (feeling-of-knowing) es el responsable de que los sujetos puedan predecir su rendimiento en tareas de memoria (Eysenck, 1979; Hart, 1965, 1967; Schacter, 1983, 1986).  Según Flavell (1981) los sujetos realizan las predicciones sobre su memoria a partir de diversos factores: la experiencia previa en realizar otras predicciones, los conocimientos almacenados en su memoria, las metas que sigue esa predicción, y las estrategias que el sujeto utilice para resolver las pruebas de memoria que se le presentan. También parecen influir otros factores como el conocimiento de los rasgos o atributos semánticos (Eysenck, 1979), y las condiciones de recuperación -no las de codificación y almacenamiento- (Schacter, 1983). Así, por ejemplo, factores como el intervalo de retención y la recuperación múltiple (Odinot y Wolters 2006), y las características fenomenológicas y el realismo de la memoria (Dahl, Johansson y Allwood, 2006) afectan al proceso.
En general, diferentes estudios muestran que los sujetos tienden a sobrestimar su capacidad de memoria. En cualquier caso, ha quedado claramente establecida la nula relación entre confianza y exactitud de la respuesta en tareas de reconocimiento (Bothwell, Deffenbacher y Brigham, 1987; Ibabe, 2000; Sporer, McQuiston-Surret e Ibabe, 2006; Sporer, Penrod, Read y Cutler, 1995). Aunque sobre esta relación podrían afectar diferentes factores (Sporer, McQuiston-Surret e Ibabe, 2006) parece que no mejora ni siquiera informando de la naturaleza de los errores que pueden aparecer y de los sesgos en la confianza al valorar contenidos episódicos y semánticos (Migueles y García-Bajos, 2001).

Exactitud de las descripciones

En la medida en que tendemos a considerar la memoria como un proceso holístico, el sentido común nos dice que la persona capaz de realizar una buena descripción de la persona a buscar sería más capaz de identificarla que la personas que no es capaz de describirla. Sin embargo, la investigación sobre la memoria de los testigos nos indica que esa relación no se da (Bothwell, Deffenbacher y Brigham, 1987; Deffenbacher, 1991; Geiselman, Schroppel, Tubridy, Konishi y Rodríguez, 2000; Pozzulo y Warren, 2003; Wells, 1985), fundamentalmente debido a que los procesos de recuerdo no son los mismos que los procesos de reconocimiento (ver capítulo 6).

OTROS INDICADORES DE EXACTITUD: PERSPECTIVAS FUTURAS

Dado que la confianza del testigo en su respuesta y la capacidad para describir a la persona buscada no parecen ser buenos predictores de exactitud, se han realizado otras propuestas con vistas a contar con un buen indicador. El tipo de respuesta del testigo al señalar a alguien en la prueba de reconocimiento y el tiempo que tarda en tomar la decisión han sido considerados posibles indicadores de exactitud.

Tipo de respuesta

Según Dunning y Stern (1994), podremos distinguir las identificaciones exactas de las erróneas analizando los procesos cognitivos en que los testigos dicen basarse para llevar a cabo sus juicios de reconocimiento. Estos autores basan su propuesta en los datos encontrados en una investigación que mostraban que las identificaciones exactas se realizaban de forma automática mientras que las erróneas dependían de procesos más complejos que implicaba esfuerzo cognitivo, ya que consistían en la comparación de cada uno de los componentes de la rueda con el recuerdo que guardaban del autor de los hechos. Cuando se les preguntaba a los testigos sobre cómo habían llevado a cabo la identificación, un 67% de los que decía que simplemente uno de los componentes de la rueda era la persona y que no sabían cómo habían llevado a cabo el proceso realizaron identificaciones correctas. Realizaron identificaciones erróneas el 64% de los sujetos que afirmaban haber realizado la identificación mediante la comparación entre componentes de la rueda y/o de sus rasgos faciales con el recuerdo de la persona. Éste puede ser un primer paso en el camino de encontrar una técnica que permita evaluar la exactitud de las identificaciones. Sin embargo, debemos considerar en su justa medida estos resultados, ya que no siempre los sujetos son capaces de verbalizar cómo llevan a cabo sus procesos cognitivos.
Por otro lado, se ha propuesto el paradigma saber-recordar para estudiar las experiencias de memoria implicadas en diferentes tipos de reconocimiento (ver, por ejemplo, Gardiner, Gregg, y Karayianni, 2006). Se ha propuesto que una respuesta de saber implica el reconocimiento por familiaridad (Strack y Förster, 1995; Hirshman y Henzler, 1996), y este reconocimiento por familiaridad implica que los sujetos señalan un ítem como viejo porque está más activado que otros items, sin que el sujeto recupere el contexto en que apareció ese ítem. Estas respuestas son más automáticas, y como parece (Conway y Dewhurst, 1995; Hirshman y Lanning, 1999; Knowlton y Squire, 1995) llevan a una peor discriminación en tareas de reconocimiento. Así, el tipo de respuesta que emite el testigo, por familiaridad o mediante un proceso de identificación, podría ser un indicativo de exactitud, en la medida en que se ha encontrado que las respuestas de familiaridad están más asociadas a errores que las respuestas de identificación (Manzanero, López y Contreras, en revisión). Las respuestas de familiaridad están basadas en la fluidez perceptiva, mientras que las respuestas de identificación están basadas en procesos de recuperación episódica.
En una reciente investigación (Manzanero, López y Contreras, en revisión) se analizó la relación entre la exactitud en tareas de reconocimiento de personas y los juicios de recordar/saber. Para ello se pidió a los sujetos que después de realizar una identificación valoraran en una escala de 1 a 10 si su respuesta se basaba en que les resultaba familiar la cara (1) o si en que recordaban a la persona que habían señalado (10). Todos los sujetos realizaron la tarea en una rueda de objetivo ausente y posteriormente en otra de objetivo presente. Los resultados mostraron que el tipo de respuesta estaba asociado a la exactitud de las identificaciones, tanto en la rueda de objetivo ausente como en la de objetivo presente.

Tiempo de reacción
Otra técnica para evaluar la exactitud de las identificaciones  (Sporer, 1994) consiste en medir el tiempo que tardan los testigos en tomar la decisión de identificar, ya que podría ser un buen indicativo de la automaticidad de los procesos implicados en la realización de identificaciones exactas.
La mayor parte de las investigaciones muestran una relación negativa entre la latencia de respuesta y la exactitud en la identificación. Sin embargo, ésta relación se manifiesta sólo en el caso de los testigos electores, es decir, aquellos que realizan una identificación positiva, pero no para los no electores (Dunning, y  Perretta, 2002; Dunning, y Stern, 1994; Ross, Benton, McDonnell, Metzger y Silver, 2007; Smith, Linsay y Prike, 2000; Sporer, 1993; Weber, Brewer, Wells, Semmler y Keast 2004). No obstante, el tiempo de respuesta no es por sí mismo, un indicador útil de la exactitud en la identificación en los contextos aplicados (Brewer, Caon, Todd, y Weber, 2006), dada la dificultad en clasificar una decisión como rápida (y por lo tanto, con mayor probabilidad de ser correcta) o lenta (con mayor probabilidad de ser incorrecta).
Por esta razón Dunning y  Perretta (2002) trataron de encontrar el tiempo límite que mejor permita discriminar entre las decisiones correctas de las incorrectas. Los estudios llevados a cabo por estos investigadores mostraron que un tiempo límite aproximado de 10 a 12 segundos, permitiría distinguir las identificaciones exactas de las inexactas. Asimismo, los testigos que seleccionaron rápidamente a alguien de la rueda de reconocimiento fueron abrumadoramente exactos, alcanzando tasas de exactitud cerca del 90%. Fuera de los 10-12 segundos las tasas de exactitud bajaron hasta aproximadamente un 50 %”.
Sin embargo, diversos investigadores han criticado estos resultados y las conclusiones de estos autores sobre el tiempo límite (Brewer, N., Caon, A., Todd, C. y Weber, N., 2006; Manzanero, Farias-Pajak, 2008; Ross, Benton, McDonnell, Metzger y Silver, 2007; Weber, Brewer, Wells, Semmler y Keast, 2004). El principal problema es que el tiempo límite óptimo no es constante (varía según el intervalo de retención, la edad y el tamaño de la rueda de reconocimiento), y excede los 10-12 segundos. El rango encontrado variaba desde los 5 hasta los 29 segundos. Asimismo, el porcentaje de aciertos encontrados dentro del límite de 10-12 fue de 60% (en comparación del 87% encontrado por Dunning y Perreta, 2002).
No obstante, desde un punto de vista aplicado, este procedimiento tiene como problema la dificultad de cronometrar el tiempo que tarda el testigo en tomar la decisión, ¿a partir de qué momento pondríamos el cronómetro en marcha?. Además, para que las diferencias individuales de un testigo respecto a su tiempo de reacción para tomar una decisión no sesgaran la valoración de la exactitud de su identificación debería compararse el tiempo cronometrado durante la identificación del imputado con el tardado en otras decisiones similares, por ejemplo en una rueda en blanco.
En resumen, hasta el momento no es posible la valoración objetiva de las identificaciones que realizan los testigos para casos individuales, aun cuando algunas pruebas se han mostrado útiles en la distinción de conjuntos de identificaciones exactas y erróneas. No obstante, diferentes informes han propuesto un gran número de reglas que podrían permitirnos interpretar adecuadamente una identificación.