Grupo de Investigación UCM (ref. 971672) sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid (España).
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Introducción

La Psicología del Testimonio trata de la aplicación de los conocimientos sobre los procesos psicólogicos básicos (atención, percepción, memoria y procesos afines) a la obtención y valoración de la prueba testifical.
En sus inicios, la Psicología del Testimonio surge como un intento de estudiar la Psicología de la Memoria y la Percepción en entornos cotidianos. Por ello, su desarrollo discurre paralelamente al de la Psicología Experimental. Autores como Stern, Münsterberg, Binet o Whipple fueron pioneros en la realización de las principales investigaciones en el área, a finales del siglo XIX y principios del XX. Desde entonces y hasta nuestros días el desarrollo de la Psicología del Testimonio vendrá determinado por los avances teóricos y metodológicos de la Psicología Experimental. De este modo, podemos hablar de tres épocas en la historia de la Psicología del Testimonio: a) una primera época de inicio hasta los años 30-40 del siglo XX, donde se perfilan los principales tópicos de la disciplina; b) una época de crisis hasta los años 60, donde perdura casi en exclusiva el interés por los factores conductuales asociados a la credibilidad de los testimonios; y c) una época de renacimiento y pleno apogeo con los paradigmas del Procesamiento de la Información, desde los años 60 hasta nuestros días, donde el interés por la psicología del testimonio crece exponencialmente, situándose de nuevo en un lugar destacado en los estudios aplicados de la psicología de la atención, la percepción y la memoria. Así, hoy en día la psicología del testimonio genera interesantes temas de estudio como el del efecto de la información sugerida, la distinción del origen de los recuerdos o los factores de influencia en la percepción y el reconocimiento de personas.
Por otro lado, la creciente demanda forense en el sistema de justicia y la especialización de los cuerpos de seguridad en la prevención y persecución de delitos hacen de la Psicología del Testimonio una especialidad muy demandada, como lo muestra el hecho de que desde principios de los 90 hasta nuestros días se hayan multiplicado las actuaciones periciales en los juzgados, sobre aspectos relacionados con los factores de influencia en la exactitud de las declaraciones e identificaciones. Progresivamente la formación en Psicología del Testimonio se ha incorporado al currículo de abogados, magistrados, policías y todas aquellas personas relacionadas con la administración de la justicia.

Máster en Victimología: Atención psicológica a víctimas


Universidad Complutense de Madrid

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID


PLAZO DE PREINSCRIPCIONES ABIERTO (Para más información consulte el área de Preinscripción de esta web)
http://www.ucm.es/titulospropios/victimologia


El Máster Victimología: Atención Psicológica a Víctimas aporta formación especializada para psicólogos que trabajan o desean trabajar en la atención a víctimas de acontecimientos traumáticos, ya sean afectados directos o testigos, familiares o intervinientes.

   ♦ Requisitos de Admisión: Titulación en Psicología (Licenciatura o Grado)
   ♦ Duración: 700 horas presenciales (350 horas prácticas)
   ♦ Lugar de realización: Facultad de Psicología - UCM
   ♦ Horario de clases teóricas: Lunes a Miércoles 16 -   20 horas
   ♦ Fecha: Cursos 2014/15 y 2015/16 (Noviembre - Mayo)
                                                                                                                                              

Secretaria del Máster

    ♦ Facultad de Psicología—Despacho 5 (Pabellón 1, 3ª planta). Campus de Somosaguas.
    ♦ Teléfono: 913943079
    ♦ Horario de información:
Lunes, martes y miércoles  10:30 - 14:00h
     ♦ e-mail: mvictimologia@ucm.es
     ♦ Secretaria títulos propios: 913943196/97   secretitulospropios@psi.ucm.es

 

¿Por qué cursar este Máster?               

El Máster Victimología: Atención Psicológica a Víctimas proporciona al alumno la base teórica y práctica para: 
  • Analizar las consecuencias psicológicas de los acontecimientos traumáticos, considerando las características específicas de los diferentes tipos de acontecimientos.
  • Adquirir conocimientos y recursos para valorar el impacto psicológico de los acontecimientos traumáticos.
  • Identificar las necesidades psicológicas de las víctimas y establecer los objetivos terapéuticos a corto y largo plazo de la intervención psicológica con víctimas.
  • Conocer las redes de apoyo psicosocial y legal a las víctimas en España.
  • Adquirir habilidades para elaborar programas de asistencia psicológica a las víctimas y de apoyo para profesionales en el ámbito de la atención integral.
  • Aplicar tratamientos psicológicos con apoyo empírico para la atención a distintos tipos de víctimas en las distintas fases tras el acontecimiento traumático.
En concreto, se abordará la problemática específica de, entre otras: 
  • Víctimas de violencia familiar.
  • Víctimas de violencia de género.
  • Víctimas de agresiones y abusos sexuales.
  • Víctimas de terrorismo.
  • Víctimas de acoso.
  • Víctimas de accidentes (laborales, tráfico ...).
  • Víctimas de catástrofes naturales.
  • Menores en situación de riesgo social.

No dormir nos hace confesar mentiras

Uno de los peores métodos de tortura psicológica durante los interrogatorios a detenidos es la privación de su descanso. Un nuevo estudio prueba por primera vez que las personas con falta de sueño son mucho más propensas a firmar confesiones falsas, lo que tiene importantes implicaciones para la práctica policial.


08 febrero 2016
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La probabilidad de confesar algo falso fue 4,5 veces mayor para los participantes que habían estado despiertos durante 24 horas que para los que habían dormido la noche anterior. En la imagen, la investigadora principal, Kimberly M. Fenn. / Universidad de Michigan 
Una investigación publicada esta semana en la revista PNAS revela una nueva consecuencia negativa de la privación de sueño. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Michigan (EE UU), relaciona esta carencia con confesiones falsas.
Se cree que entre un 15% y un 25% de las declaraciones en EE UU son erróneas. En investigaciones anteriores ya se había indicado el uso de esta práctica de tortura psicológica en el interrogatorio de sospechosos.
"Esta es la primera evidencia directa de que la falta del sueño aumenta la probabilidad de confesar algo que nunca ocurrió", afirma Kimberly M. Fenn, autora principal del estudio. "El hallazgo cuestiona el uso de dicha privación en el interrogatorio de sospechosos tanto inocentes como culpables".
Así, las probabilidades de firmar una confidencia incierta fueron 4,5 veces mayores para los participantes que habían estado despiertos durante 24 horas que para los que habían dormido ocho horas la noche anterior.
Este estudio muestra la primera evidencia de que la privación del sueño aumenta la probabilidad de confesar algo que nunca ocurrió
Para protegerse contra los efectos nocivos de las confesiones falsas, los expertos recomiendan que los interrogatorios se graben en vídeo para facilitar más información a jueces, abogados y miembros del jurado sobre el estado psicológico de un sospechoso.
Tácticas cuestionables
Las técnicas coercitivas aumentan el riesgo de confesiones falsas, y la privación del sueño pueden ser una táctica bastante común usada durante los interrogatorios. Los expertos estudiaron a 88 estudiantes universitarios en dos sesiones separadas por aproximadamente una semana.
La noche después de la segunda sesión, la mitad de los participantes durmió durante 8 horas en el laboratorio, mientras que la otra mitad se mantuvo despierta durante toda la noche. Por la mañana, a todos los sujetos se les pidió firmar una declaración falsa alegando que el participante había presionado la tecla ‘escape’ –algo de lo que estaban avisados que podría causar pérdidas de datos– durante la primera sesión.
Después de una sola solicitud, la declaración fue firmada por el 18% de los participantes descansados ​​y el 50% de los privados de sueño. Según los autores, los resultados sugieren que la privación del sueño puede comprometer la fiabilidad de los interrogatorios y podría suponer un aumento de condenas erróneas.
"Una confesión falsa de culpabilidad puede tener consecuencias desastrosas en un sistema legal ya cargado de fallos", concluyen los autores. "Tenemos la esperanza de que nuestro estudio sea el primero de muchos por descubrir los factores relacionados con el sueño que influyen en los procesos declarativos".
Referencia bibliográfica:
Steven J. Frenda, Shari R. Berkowitz, Elizabeth F. Loftus, Kimberly M. Fenn. “Sleep deprivation and false confessions”. PNAS 8 de febrero de 2015.

Dibujando los ojos del asesino

El retrato robot, útil principalmente para agresiones sexuales y robos violentos, evoluciona con la tecnología, pero todavía algún cuerpo policial los hace a mano




Barcelona

Retrato robot de un sospechoso. Gianluca Battista
Hasta que una de las menores habló de la cicatriz en la cara del agresor y el retrato robot policial pudo hacerse con mayor precisión, el caso del pederasta de Ciudad Lineal se encontraba en punto muerto. A partir de ese momento, la investigación dio un vuelco y en pocos días el autor de los secuestros fue detenido en Santander por la Policía Nacional. Esta técnica, manido recurso narrativo en las películas de cine negro, todavía resulta crucial para determinados casos. Sin embargo, el avance en los métodos de investigación y la irrupción de la tecnología han hecho que cada vez se utilice menos y han soterrado la parte más artesanal de este trabajo. Los departamentos de policía científica de la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Ertzaintza recurren hoy a programas informáticos con vastas librerías de modelos de cada parte del rostro que agilizan una reconstrucción en la que lo más importante es la memoria de la víctima. Pero la técnica original sobrevive en uno de los cuerpos policiales españoles.

El cabo de los Mossos d'Esquadra David Miró realiza un retrato robot.
Sobre la mesa del cabo David Miró hay lápices de 15 grosores distintos, un difuminador, una goma de miga de pan (para que no desprenda molestas bolitas) y una eléctrica que elimina los trazos como si fuera mágica. Ninguno se consideraría artista, pero a la mayoría de estos policías siempre le gustó dibujar. Otros simplemente han tenido que aprender y apoyarse en las reglas básicas y los cánones de proporción de las bellas artes. Y aún así, como bromea Miró, a veces sale "un churro". Este mosso d’esquadra es uno de los cinco miembros de la unidad de identificación facial dedicados a los retratos robot. Una técnica policial que ya solamente este cuerpo autonómico sigue realizando a mano, como en las películas. Ha habido de todo, hasta retratos de gente que no existía y que la supuesta víctima -una adolescente- inventaba para justificar una escapada nocturna. Dibujan unos 25 al año y, en algunos casos, todavía resultan decisivos. “En la investigación del sicario que mató a un hombre en la calle Santaló [en el centro de Barcelona] nos ayudó mucho”, recuerda Miró.

Fotografía del asesino de la calle de Santaló
Sucedió en febrero de 2009. Un hombre disparó en la nuca a Félix Martínez Touriño, director del Centro Internacional de Convenciones de Barcelona en la confluencia de la calle de Santaló y Travessera de Gracia. Llevaba un pasamontañas que tiró cuando salió corriendo, al igual que la pistola con la que perpetró el asesinato. Las únicas pistas de las que disponían los Mossos fueron un fotograma de pésima calidad de una cámara de vigilancia de un comercio y el testimonio de varios transeúntes. Con esa información el departamento de identificación facial elaboró el decisivo retrato robot de Jorge Andrés Madrid, el sicario colombiano que cobró 9.000 euros por asesinar a un hombre en pleno centro de Barcelona.



El problema es que el retrato robot no sirve como prueba, sino más bien para descartar sospechosos. Suele utilizarse para delitos de robo con fuerza o agresiones sexuales, en los que la víctima ha estado en contacto muy poco tiempo con el delincuente. Por eso, lo más importante –y lo más difícil de extraer– es la información que permanece viva en el recuerdo. “Nuestra mente percibe el rostro de forma global. Y para el cerebro es complicadísimo descomponerlo. Los retratistas jugamos con el estado de shock de la víctima. En esas situaciones tu cerebro actúa como una cámara fotográfica. A lo mejor alguien en una situación normal no es capaz de describir a su madre, pero otra persona que ha sufrido ese shock emocional, puede describir a una persona que ha visto unos segundos”, sostiene Miró.


Mossos d'Esquadra
El retrato robot debería ser lo primero a lo que se recurra tras una agresión para no intoxicar el recuerdo de la víctima. Es importante no mostrar fotografías para no emborracharla con imágenes, sostienen todos los investigadores. Y para que sea realmente útil, el testigo/víctima debería ser capaz de describir, al menos, tres de los cuatro rasgos básicos: ojos, nariz, boca y forma de la cara. De todos ellos, cuentan los expertos, los ojoes suelen ser lo más complicado de describir y el triángulo que forman con el mentón es la parte más característica e inalterable del rostro.



El dibujo a mano alzada, que también utiliza combinado con otras técnicas el FBI, tiene algunas ventajas. Se tarda algo más en hacer, alrededor de una hora y media, pero puede llegar a ser más versátil que las librerías preestablecidas. Además, nunca parece una fotografía, algo que suele confundir a las víctimas y encasilla el recuerdo. “Si es un esbozo, ese abanico se abre. Se hace de forma progresiva y ayuda a que la víctima recuerde más detalles. Si lo haces por aproximación (software) con patrones hechos a la víctima le cuesta más llegar a ese recuerdo”, señala Miró.
La Policía Nacional y la Guardia Civil utilizan desde hace años un programa informático llamado Facette. De hecho, Juan Bastos, el jefe de la sección de técnicas identificativas del CNP, ni siquiera recuerda a la última persona que se dedicaba a hacerlos a mano. Y los casos en los que la policía judicial recurre a este departamento son cada vez menos. Unas cuatro o cinco al año, explica este experto en la materia. Bastos lo atribuye a la precisión de las investigaciones, pero también a lo difícil que resulta hoy en día que una cámara de videovigilancia no cace en algún momento al delincuente y aporte información suficiente. “Los investigadores acuden al retrato robot cuando el caso está en punto muerto, y afortunadamente no sucede demasiado”, señala.
En el CNP cinco personas se encargan de este tipo de identificación. El software que utilizan tiene 542 tipos de narices, 691 formas distintas de ojos y 195 bocas. Además, los modelos pueden ser retocados para adaptarse más fielmente al recuerdo de la víctima, que no siempre es demasiado nítido. El procedimiento suele tardar alrededor de una hora. “Tratamos que la sala en la que hacemos la entrevista sea lo más aséptica posible para que no se distorsionen las imágenes que conserva en el cerebro. Pero es lento. Siempre hemos considerado que si en 10 minutos hemos hecho el retrato robot es que no sirve”. O como diría el cabo Miró, es que el resultado es "un churro".